Consejos para futuras almas que vayan a dedicarse a la realización de programas de tarot

  1. Despídete de tu vida social. Antes los programas de tarot se emitían únicamente en horarios nocturnos, ahora puedes trabajar desde por la mañana hasta la madrugada. Y pensarás: “bueno, los domingos descanso”NEIN NEIN NEIN. El tarot es un formato non-stop: de lunes a domingo (incluyendo festivos) unos 360 días al año. De hecho, en lo que termine de escribir este post la Navidad se habrá esfumado. Así que acostúmbrate a quedar con tus amigos a las 3 de la mañana, asistir media hora a las reuniones familiares y olvidarte poco a poco de la cara de tu novio, porque yo tenía novio…creo…
  2. Aprende a usar un extintor. En serio, esto es fundamental. No puedo calcular las veces que los tarotistas traen rituales con fuego al plató. Al principio piensas que controlan, que están acostumbrados pero… recordemos que son personas que frente a la televisión dicen cosas como “Tengo la memoria de un caballo, qué de un caballo, de un supercaballo”.  No quieres dejar en las manos de un supercaballo tu vida, ¿o sí?CABALLO
  3. Habitúate a ser juzgado. Siempre está el listo que piensa que tu trabajo es una mofa, que no haces nada y que no debería existir tu profesión porque sois unos estafadores y blah blah blah. Mi consejo ante estos casos es tomártelo con filosofía y sacar provecho de la situación de la manera más cómica posible y, si es posible, aprovechando tu nuevo vocabulario específico del mundo esotérico. En el momento que un capullín te venga con esto tú te giras y le dices: “Ten cuidao,  que como te pongas tonto le digo a Flora Púrpura que te ponga unas velas negras y te haga un ritual de amarre, que con la negatividad que tienes seguro que acabas con un bloqueo emocional”.  Lanzas una bomba de humo y te vas. ¿Le has convencido de algo? NO. ¿Te has echado unas risas a su costa? Sí. Pues ya está.
  4. Que no te engañen, las viejecitas no son tan adorables. Sé que quien no está familiarizado con este mundo piensa que es una estafa para pobres ancianitas desvalidas que gastan su pensión. Escuchadme: las mujeres que llaman son gente con mayordomo, ama de llaves y dinero en Suiza. Son quejicas, mandonas y tienen un lado cruel que te mata por dentro cada vez que las coges el teléfono y se dan cuenta de que no eres el tarotista. Además, debido a su ritmo de vida están acostumbradas a conseguirlo todo y conseguirlo ya, no dudan en utilizar el truco de “llevo dos horas esperando” cuando tú ves en la pantalla que llevan exactamente dos minutos y cuarenta segundos. Y, si hace falta, te amenazan en directo. Una de esas viejecitas estaba taaaan tranquila hablando con el tarotista cuando dijo y, cito textualmente, “A la realizadora esa la voy a matar”. Ahora a ver quién acepta unas pastitas de esta adorable ancianita.
  5. Anota las locuras. Es probable que tu trabajo como realizador sea algo efímero, pero las anécdotas que vas a llegar a tener te van a acompañar de por vida. Si eres un poco listo puedes incluso escribir un libro: Cómo sobreviví 21 días en el mundo del tarot. En los ocho meses que llevo me he divertido y he odiado mi trabajo más que ningún otro, pero pese a los inconvenientes puedo asegurar que siempre hay un tema de conversación ante un silencio incómodo con cualquier persona. Al fin y al cabo, a quién no le interesa escuchar cómo te salvaste del incendio provocado por un supercaballo…

 

 

 

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