Juego, probablemente, en el peor equipo de baloncesto de Madrid. Y no me refiero al peor equipo profesional femenino, no, me refiero al peor de los peores. Siempre tiene que haber uno, está claro, bueno, pues nosotras somos las jugadoras que pertenecemos al mismo.

Podría dar una entrevista sobre cómo sobrellevar la derrota semana tras semana,
sobre cómo sonreír cada vez que tu madre te pregunta qué tal ha ido el partido y, también, sobre cómo explicar a cada persona que te pregunta que en realidad no eres humilde cuando dices que eres muy mala jugando a un deporte que llevas practicando desde los ocho años.

No obstante, cada semana, nosotras vamos a los entrenamientos, sudamos, nos esforzamos al máximo y acabamos con la sensación de que este domingo va a suceder el milagro, la victoria. Porque, en serio, todas esas películas en las que los niños se esfuerzan y acaban mejorando hasta llevar a su equipo a la victoria… ¿por qué no puede eso aplicarse a nosotras? ¿Por qué sólo el pequeño Timmy puede conseguir ganar la liga infantil?

En el fondo somos unas soñadoras, seguimos pensando que vamos a ganar porque cada entrenamiento, y también cada partido, descubrimos mil cosas que hacemos realmente mal, pero también una o dos que nos pueden dar ventaja sobre las rivales. Así que quién sabe si este domingo será el que por fin ganemos un partido, que ya es hora de no ser las peores, de que el partido igualado nos favorezca por una vez.

P.D.: La gente siempre me pregunta por qué sigo practicando baloncesto si soy tan mala. Sinceramente, se ha convertido en una parte muy importante de mi vida. Además, las cosas positivas que aporta (y no me refiero a la salud de realizar un deporte y bla bla), incluso en las innumerables derrotas, siempre son mucho mayores que las decepciones.

El vídeo que está a continuación me recuerda un poco a la sensación con la que se queda la gente cuando ve nuestros partidos:

Anuncios