Me gusta pensar que no soy la única que coge un aprecio incomprensible a ciertas cosas viejas que, en realidad, ya no aportan demasiado. Cada vez que se me rompe mi pantalón preferido pienso que no voy a encontrar otro igual de cómodo, que me de tanto calor o que se ajuste tan jodidamente bien a mi cuerpo, aunque el vaquero sea 8 tallas más grande.En ese momento el pantalón está idealizado (sí, idealizo mi ropa), no hay nada que se pueda hacer.
Y siempre ocurre lo mismo: mi madre se alegra de que se haya roto porque ya no me pegaba ni para atrás, yo me cabreo y, aunque no tengo ni idea de cómo hacerlo, trato de arreglarlo. Y es aquí donde mis dos manos izquierdas hacen su aparición en escena y… la cago más, haciendo totalmente imposible que esos pantalones puedan usarse de nuevo (al menos, en un humano). Al tiempo, tiro el despojo que he creado, compro un par de pantalones más y sigo con mi vida deseando que no se estropeen.

Y como con las cosas, supongo, pasa con los amigos. En algún momento de tu vida ocurre que la gente con la que te juntabas comienza a no ser tan guay como solía serlo antes, al menos para ti. Dejas de sentirte igual de cómoda con ellos, notas que ya no siguen tu rollo y cada vez te importa menos. A veces pasa, a veces no. Pero, cuando ocurre, cuando esa amistad se resiente y se acaba rajando, debería venir a tu mente el recuerdo de que tienes dos manos izquierdas y que si (como siempre) intentas arreglarlo, probablemente lo dejes peor de lo que estaba.

Recuerda, tu madre tiene siempre razón, esos malditos pantalones llevan sin ser tu estilo desde hace años, cómprate otros o disfruta de la buena cantidad de los que te quedan en el armario. De vez en cuando un cambio puede ser lo que haga que te sientas cómoda para salir un día a la calle y pensar, hoy lo peto con estos pantalones. Obviamente, cada vez que veas otros parecidos pensarás en comprártelos de nuevo pero, al final, decidirás no hacerlo porque sabes que ya no son los primeros pantalones y porque ya no tienes el pensamiento ni la forma de ser de la primera vez que los compraste.

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